De Padres e hijos.

ecaro

Gracias a esta pequenita que se me aparecio en mi vida hace ya 17 anos y que hoy es toda una mujer, es que pude darle sentido a muchas cosas en mi vida. De todas ellas, la mas importante, a la partenidad. Ha sido un viaje maravilloso donde aprendi que ser padre va mas alla de un certificado de nacimiento firmado por alguien o de una celebracion una ves al ano. Si el dia de hoy celebro es por tener la dicha de haber podido dar de mi todo lo mas humano y hermoso a un ser exepcional y unico. Ser Padre es dar, cuidar, guiar, educar, perdonar, proteger. Es por encima de todas las cosas: siempre estar ahi.

Quiero hacerlo a la manero de Beto. Quien a traves de estos magnificas palabras define lo mejor que un padre puede ofrecer:

…..” Nunca emplees –con tu hijo– la palabra “obedecer” porque es un verbo indigno que denigra hasta a quien lo usa. Nadie es tan sabio que merezca ser obedecido. Enséñale, más bien, a dudar, a cuestionar, a rebelarse contra todo lo que le parezca injusto, sucio, cruel o falso. Anímalo a ponerse siempre del lado del que va perdiendo, del que se está llevando la peor parte, a proteger al pequeño y al frágil: al anciano, al pobre, al enfermo, a la flor, al niño, al perro. Y a serles fiel. Enséñale, por supuesto, a pelear por lo que cree. A guerrear como un loco por la verdad a como dé lugar, al precio que sea, hasta las últimas consecuencias. A creer en la gente que la busca y a dudar de la gente que la encuentra. Nunca prohíbas, convence.

Nunca des órdenes, plantea siempre un gran abanico de alternativas. En lugar de pretender decirle lo que tiene que hacer, cuéntale tu experiencia: dile lo bien o mal que te fue en la misma situación y después déjalo solo. Que sea valiente y que decida solito. No le impongas tus opiniones. No le impongas tus afectos. No le impongas tus gustos. No le impongas tu religión. Ahórrale la mayor cantidad posible de miedos y de culpas y lo habrás librado de una inmensa carga de dolor completamente innecesario. No emplees nunca la palabra “cállate”. Jamás grites, ni golpees, ni castigues. Enséñale, más bien, que el que grita más es siempre el menos fuerte, que el que más maldice es siempre el menos temible, que el que insulta más es siempre el más imbécil.

No dejes de abrazarlo y besarlo sin falta todos los días. La certeza de que tú lo quieres más que a nada en este mundo será una razón para aprender a quererse primero y para (intentar) querer a los demás, después. No dejes de abrazar y besar a tu mujer delante de él, quiéranse siempre a la vista de todos pero cuando tengan ganas de pelear, esperen hasta que él se haya ido a la escuela y peléense en privado.

No te permitas jamás, bajo ninguna circunstancia, la suprema cobardía de ofender ante él a su mamá. Recuerda que la madre es lo más sagrado y da la casualidad de que –antes que tu mujer– ella va a ser, sobre todas las cosas, su mamá. Suficiente confusión hay en la vida de los niños como para empeorarla con nuestras frustraciones, nuestros celos, nuestras deudas impagas y con toda nuestra mierda adulta. No toleres nunca en tu casa el dudoso lujo de la violencia, lo único que lograrás será hacer miserable su niñez y cuando crezca y se convierta en la atroz catástrofe que tan primorosamente cultivaste, te devanarás los sesos preguntándote qué hiciste mal.

No tengas miedo de mostrarte débil, falible, imperfecto, equivocado, triste, roto, humano. No te avergüences de contarle tus miserias, tus traiciones, tus flaquezas, tus derrotas. Si le hablas con el corazón en la mano, desarrollará un espíritu solidario y compasivo y será capaz de hacerlas suyas también, aprenderá a no sentirse con derecho a reclamarte, a juzgarte y condenarte.

No te avergüences de mirarlo a los ojos si un mal día te abraza el infortunio y te ves obligado a cambiarlo de colegio, a mudarte a una casa más chiquita, a vender el carro, a dejar de ir al cine, a comer menos lomo y más grated de atún. Si eso ocurriera –toca madera, claro– pero si eso ocurriera, díselo sin pena ninguna, dile que esta carretera en que viajamos nunca va en línea recta y que siempre habrá tramos que te sorprenden con súbitas curvas e intempestivas bajadas. Y si por el contrario, los dioses te bendicen y contigo la vida se ríe a carcajadas, tampoco se lo enrostres todo el tiempo, no le saques en cara que él tiene todo lo que tú nunca tuviste o que está –por eso– obligado a ser mucho mejor que tú. (Fíjate en la ridícula soberbia que encierra tamaño desafío). No lo obligues nunca a terminar la sopa apelando al hambre que tienen los niños del África a menos que tengas planeado hacer algo por ellos.

Dale todo lo que necesite, pero tampoco mucho más. No olvides recalcarle que a los niños no se les diferencia por las marcas de sus zapatillas. Enséñale –por encima de todo– esa extraña alegría que solo se encuentra en el dar. Déjale muy en claro que cuanto menos tienes más libre eres, que –al final– tener no tiene absolutamente ninguna importancia.

No olvides enseñarle también a buscar la belleza. Entrénalo para encontrarla a cada paso en la perfección de la naturaleza o en el caos y aún en los lugares más insospechados. Por ejemplo: en su país, en el color de sus ojos, en la tristeza, en el silencio, en su interior. Nunca censures su curiosidad, no escatimes elogios a su gracia, talento o brillo, jamás silencies sus pasiones. No lo vigiles. No lo espíes. No lo invadas. Jugar es una actividad muy seria que requiere de la más absoluta privacidad. No le mientas nunca, ni para salir en defensa de un héroe de la patria, ni para hacerte negar en el teléfono, ni para justificar la imperdonable inasistencia de Papa Noel. Tampoco para intentar maquillar en algo los tramos menos admirables de tu biografía. Responde siempre con la verdad a todas sus preguntas, incluso a las más pendejas. Muéstrate siempre ante él gloriosamente desnudo, sin rubores, sin temores, en todo el esplendor de tu imperfección.

Que no se olvide nunca de que su mente es el único paracaídas con que cuenta y que solo lo salvará si logra que se abra a tiempo. No le digas que tiene que leer libros, mejor asegúrate de que, en casa, siempre te vea leer. No le digas que estudie, haz que sea testigo de la pasión con que haces lo que sea que hagas en la vida para ganarte los frejoles. No le digas de qué alegrarse, de qué indignarse, a quién admirar y de qué compadecerse. Deja que lo aprenda solo –por imitación o por oposición– viéndote batallar, viéndote sudar, viéndote insistir. Viéndote triunfar y celebrar y también fracasar con toda el alma y volver a empezar todas las veces que sea necesario. Enséñale, por supuesto, a perder, que eso es algo que nos va a tocar hacer una y mil veces. Enséñale a fallar, a sufrir, a llorar, a caer.

Por lo que Dios más quiera, si solamente me vas a hacer caso en una, hazme caso en esta, guerrero: enséñale a caer.

 

James Comey, el Hombre.

comey     El
exdirector del FBI, humillado e insultado por Trump, ha decidido devolver el golpe. Esta es la historia de un funcionario respetado y obsesionado por la integridad. 
Referencia: El Pais.

El 11 de marzo de 2004. El presidente George W. Bush había citado en el comedor privado de la Casa Blanca a un tipo duro. Sentado en una silla que le quedaba pequeña, ese hombre de 2,03 metros se negaba a autorizar por su flagrante ilegalidad el programa de escuchas indiscriminadas Viento Estelar. Y su firma era necesaria. Incapacitado el fiscal general por enfermedad, era él, su adjunto, quien dirigía el Departamento de Justicia. El vicepresidente, Dick Cheney, ya le había explicado la situación: si no había autorización, morirían americanos y la sangre correría a cuenta de él. Bush, con menos rudeza, le repitió el argumento.

Cuando ya estaba todo dicho, recuerda el biógrafo Garrett Graff, el fiscal miró a su anfitrión y sin alterarse le respondió: “Como dijo Martín Lutero aquí me planto. No puedo hacer otra cosa”.

Así es James Brien Comey. El hombre que hace temblar a los presidentes. El mismo que 13 años después de enfrentarse a Bush y Cheney ha puesto contra las cuerdas a Donald Trump con su testimonio ante el Comité de Inteligencia del Senado. Sólo y sin papeles, el destituido director del FBI ejerció este jueves de último guardián de la legalidad. Acusó al presidente de mentir y difamar, denunció las presiones para desactivar la investigación de la trama rusa, pero sobre todo reveló al mundo el modo de operar del multimillonario. Las artes oscuras que el presidente le exhibió en tres reuniones privadas y seis conversaciones. El propio Comey, en un estilo cinematográfico, las ha relatado al Senado. El presidente lo niega todo.

27 de enero de 2017. Trump le había llamado para invitarle a cenar a la Casa Blanca. Comey creyó que iba a acudir más gente. Pero cuando llegó, le hicieron pasar al Salón Verde y le sentaron en una pequeña mesa oval. Dos asistentes de la Marina eran los únicos testigos. Servían y desaparecían. En esa intimidad, el presidente le preguntó si quería seguir como director del FBI y le recordó que era un puesto que muchos ambicionaban.

Comey entendió el mensaje: “Mis instintos me dijeron que esa cena buscaba establecer una relación clientelar. Eso me preocupó mucho, dada la independencia del FBI”. Para salir del apuro, le habló de su carácter apolítico, pero el comandante en jefe insistió. “Necesito lealtad. Espero lealtad”.

Las cartas habían quedado sobre la mesa. “No me moví ni hablé o mudé mi expresión facial durante el embarazoso silencio que siguió. Simplemente nos miramos el uno al otro”.

Ese fue el comienzo. En las horas, semanas y meses siguientes, Trump no dejó de presionarle. Bajo una atmósfera asfixiante, el director del FBI, siempre según su relato, se sintió sucesivamente “asombrado, confuso, turbado”. Pidió ayuda a su superior, el fiscal general, y le comunicó que no quería volver a verse con el presidente a solas. Pero todo siguió igual, hasta que el pasado 9 de mayo fue despedido. Una medida extraordinaria que sólo había ocurrido una vez antes en la historia del FBI. Como remate, Trump le llamó públicamente demente y fanfarrón, y su portavoz declaró que ni en el FBI le querían.

 

“Trump erró por completo, Comey es un hombre capaz de expresar sus sentimientos en voz alta y que cautiva a sus agentes por empatía, pero no es un siervo; es un curtidísimo fiscal y jefe de agentes federales. No es político. Con él no funcionan los insultos y amenazas”, explica un alto funcionario de seguridad que le trató en la época de Barack Obama y que pide mantenerse en el anonimato.

Humillado, Comey sacó su lado duro. A sus 56 años, casado y con cinco hijos, no pensaba dejarse pisotear. Había luchado contra la mafia, perseguido abusos racistas, investigado al presidente Bill Clinton y encarado a Bush. Fue fiscal federal en Nueva York y fiscal general adjunto de Estados Unidos. Su apabullante trayectoria le había permitido, pese a figurar como elector republicano, ser escogido en 2013 por Barack Obama para dirigir el FBI. “Para él, la integridad lo es todo”, señala su biógrafo y amigo Garret Graff.

 

Pasó entonces al ataque. Como buen agente y experto conocedor del tablero de Washington, había tomado nota de todas sus conversaciones con Trump, y empezó a filtrarlas. Las detonaciones sacudieron la Casa Blanca. Se volvió su enemigo número uno. No era la primera vez.

 

Sus mayores problemas siempre han procedido del trato con los políticos. Ahí se ha mostrado torpe. Su decisión de reabrir el caso de los correos privados de Hillary Clinton a sólo 11 días de las elecciones para cerrarlo poco después, cuando el daño ya estaba hecho, aún levanta ampollas en las filas demócratas. Comey ha defendido que lo hizo porque era su deber. Y que ocultarlo habría sido traicionar la confianza pública. “A veces es un poco boyscout”, dice un buen conocedor de Comey.

 

Esa rectitud es una de sus características. Se trata de un hombre pétreo; altivo para muchos. Quienes le conocen vinculan esta inflexibilidad a sus sentimientos religiosos. Aunque nació en el seno de una familia católica irlandesa, pronto se hizo evangelista e influido por el teólogo Reinhold Niebuhr escribió su tesis: Los cristianos en política. Bajo esa luz, el debate entre el poder y la integridad siempre le ha perseguido, pero nunca le ha anulado. Como enemigo es peligroso. Sus conocidos recuerdan que sabe dónde lleva el arma. Y si es necesario la usa. Con Trump han sido sus notas, esos memorandos que amenazan con abrir un proceso de impeachment. Con Bush, el puñal fue otro.

 

Ocurrió al final de aquella conversación en el comedor privado. Cuando el presidente volvió a pedirle que aprobara la orden de escuchas masivas, Comey se inclinó y le dijo: “Si lo hace, debe saber que el director del FBI dimitirá hoy mismo”. Bush parpadeó. Nadie se lo había dicho. Pero no tardó en darse cuenta de qué era lo mejor que podía hacer. Ante la crisis que se le abría, decidió ceder.

El director del FBI era en aquellas fechas el legendario e implacable Robert Mueller. El amigo y mentor de Comey. El mismo que ahora ha sido elegido fiscal especial para investigar la trama rusa y cuyo poder representa la mayor amenaza para la presidencia de Trump. “Si hay alguien con mejor reputación que Comey, es Mueller y este no va a parar”, señala el alto cargo en seguridad. “Y que nadie piense que Comey se va a retirar del escenario. Él y Mueller han trabajado muchos años juntos y confían plenamente uno en el otro”, indica Graff.  La Casa Blanca, con Comey y Mueller, tiene un problema. Saben disparar y no les tiembla el pulso.

Hay un hueco en la acera.

CARLITOS WAY

buraco

Me levanto por la mañana. Salgo de mi casa.
Hay un hueco en la acera.
No lo veo y me caigo en él.
Al dia siguiente salgo de mi casa,
me olvido de que hay un hueco en la acera,
y me vuelvo a caer en él.
Al tecer día
salgo de mi casa tratando de acordarme de que hay un hueco en la acera.
Sin embargo, no lo recuerdo y caigo en él.
Al cuarto día salgo de mi casa tratando de acordarme
del hueco en la acera. Lo recuerdo y, a pesar de eso,
no veo el hueco y caigo en él.
Al quinto día salgo de mi casa.
Recuerdo que tengo que tener presente el hueco en la acera
y camino mirando al suelo. Y lo veo y, a pesar de verlo,
caigo en él.
Al sexto día salgo de mi casa. Recuerdo el hueco en la…

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La verdad de la posverdad.

Fuente: El Pais. Espana

…La mentira impera en la sociedad del conocimiento exaltando emociones y pensamientos sin fundamento. Analizamos aqui  algunas de las causas en las que se cimenta la ‘era de Pinocho’……..

 
En la formidable película de Amenábar Los otros (2001) el espectador descubre que todo lo que parece pertenecer al feudo de los vivos es en realidad del reino de los muertos, y que todo lo que los personajes ven como apariciones o fantasmas son manifestaciones y puntos de contacto con el mundo de los vivos. La protagonista, Grace Stewart, interpretada por Nicole Kidman, vive en una falsa verdad, alimentada solamente por lo que quiere creer: que sus hijos están vivos y que ella no los mató. Así que todo lo que confirme su creencia y apacigüe sus emociones será cierto, mientras que lo que amenace su estabilidad emocional y convicciones, por fuerza habrá de ser falso.

Así puede definirse, exactamente, la posverdad. El diccionario de Oxford ya lo ha incluido como un nuevo término: post-truth. La RAE todavía no, pero es probable que se acabe aceptando, dada su preponderancia en el lenguaje coloquial y, especialmente, en el mediático. La posverdad se resume en que la apariencia de los hechos es más relevante que los hechos en sí, aunque este tipo de creencias nos lleve a una falsedad. Un eufemismo moderno de la mentira de siempre. Pero la gran cuestión es: ¿por qué le damos este nuevo nombre? ¿No estaremos, valga la redundancia, ocultando que posverdad es mentira? ¿De dónde viene tal temor? ¿Qué nos preocupa o asusta? Responderé desde cuatro perspectivas.

La primera es la tecnológica: Desde que en 2003 irrumpiera Second Life, el espacio virtual más famoso de la Red que permite al usuario inventarse una segunda vida en Internet, empezamos a experimentar cómo la tecnología nos permite vivir en mundos paralelos, que son reales y ficticios a la vez. Lo real y lo virtual se entremezclan. Las mentiras pueden resultar semiverdades en mundos imaginarios o paralelos. De lo que no somos conscientes es de que, como sucede en la trama de Los otros, esos mundos están en contacto con el auténtico y que la posverdad que aceptamos de forma alegre y despreocupada en la vida virtual, tarde o temprano, se manifestará como lo que es, una falsedad con todas sus consecuencias.

El segundo motivo por el que preferimos hablar de posverdades y no de mentiras es la velocidad. En las redes sociales suelen aparecer titulares de noticias que todavía están sin contrastar. Leemos rumores y les concedemos toda la credibilidad. ¿Por qué? Porque sabemos que en cuestión de minutos u horas dispondremos de la información totalmente correcta. Y por eso le vemos sentido a permanecer atentos a la evolución de las inexactitudes. En otras palabras, prevalece la rapidez sobre la exactitud. No nos importa que algo no sea cierto del todo mientras sea reciente. De hecho, parte del gran cambio en las reglas de la información es que aceptamos que un mensaje evolucione durante unas horas. Hemos acabado por aceptar que las noticias no sean exactas en el primer minuto. Pero preferimos posverdad en el minuto uno a la concreción exacta dentro de varias horas. El problema es que tampoco nos preocupa la validación de las cosas. El entretenimiento es seguir la apariencia de los hechos, no descubrirlos.

El tercer punto de vista tiene que ver con la pérdida de confianza en las instituciones que se viene observando desde el inicio de la crisis, y que ha acentuado la credibilidad en fuentes desconocidas, gente sin fundamento o diletantes sin experiencia sobre el asunto en cuestión. Cognitivamente buscamos la sorpresa continuada. Es decir, prestamos más atención a las cosas que nos llaman la atención independientemente de cuál sea su fuente y si esta tiene credibilidad o no.

En cuarto lugar, está el ansia por confirmar las propias creencias y sentimientos: la reducción de la disonancia cognitiva, que se ha convertido en un problema social, psicológico y educativo dada la información contradictoria que corre por Internet. A través de un buscador, cualquiera de nosotros puede encontrar información que confirme lo que piensa o siente. Y otra persona que piense y sienta lo opuesto encontrará los datos que confirmen las tesis contrarias. Poco importa que se trate de un asunto científico o médico. ¿Quiere preocuparse por una enfermedad? Introduzca en el buscador, junto a la patología que sufre, la palabra “problemas” o “complicaciones”. ¿Quiere apaciguarse? Escriba, aparte de su dolencia, términos positivos. La proliferación de información contradictoria en grandes dosis propicia un déficit de criterio para el neófito en la materia que desemboca en la búsqueda de reducción de disonancia. Leeré aquello que confirme lo que pienso o lo que siento. Por eso preferimos hablar de posverdad. De llamarlo mentira estaríamos aceptando que son alimento de nuestra cabeza.

Conceptualizándolo así reducimos la disonancia que produciría reconocer el autoengaño. El problema es que este tipo de creencias exaltan la opinión en detrimento del verdadero conocimiento.

El mundo es el que es. Real o virtual. Grace Stewart, Truman, Pinocho, no importa. El tiempo, tarde o temprano, pone a todo el mundo en su sitio. La posverdad morirá. Es solo cuestión de tiempo.

 

19 de mayo de 1895: Caída de Martí en Dos Ríos

j.marti

Era el 19 de mayo de 1895, en campos de Dos Ríos acababa de morir José Martí, y Máximo Gómez escribía en su Diario “(…) al lado de un instante de ligero placer, aparece otro de amarguísimo dolor”. [1]

Ellas resumen, por sí mismas, no solo la cotidianidad de toda guerra: hoy se puede estar vivo, pero mañana se puede morir; sino también el reconocimiento a quien, sacrificándolo todo, se puso al servicio de la patria organizando el nuevo proceso emancipador.

La prédica de José Martí en territorio norteamericano resultó eslabón fundamental en el proceso iniciado el 24 de febrero de 1895. Lograr la necesaria unidad entre los combatientes de contiendas anteriores, así como hacer renacer la confianza en quienes desalentados por fracasos anteriores se sentían escépticos, fueron temas de sus más encendidos discursos de esa etapa previa a la guerra.

La lucha comenzó sin la presencia de los principales líderes, Martí acompañado de Máximo Gómez arribó a territorio cubano por la zona de Playitas. Después de mucho tiempo volvía a pisar su amado suelo.

Durante todo el tiempo que medió desde su desembarco hasta el momento de la caída, estuvo Martí junto a las fuerzas del general Gómez que se movían por la zona oriental. Poco sabía del arte de guerrear, aunque sí de guerras, pues pacientemente había estudiado los principales hechos de la anterior contienda independentista y de la lucha emancipadora de latinoamérica.

En la mañana del 19 de mayo se produjo una cruenta acción entre las fuerzas mandadas por Gómez con una columna española de más de 800 efectivos, aunque ordenó a Martí quedar junto a Ángel de la Guardia, este no lo obedeció y deseoso de entrar en acción muy pronto cayó abatido por las balas.

El cadáver del Apóstol quedó en manos enemigas. A partir de ese momento su cuerpo sería sepultado y exhumado en varias ocasiones. Inicialmente el cadáver fue trasladado por fuerzas españolas encabezadas por el coronel José Ximénez de Sandoval, quien había dirigido también la acción donde cayó Martí, hasta el poblado de Remanganaguas; el día 20 en horas de la mañana fue enterrado en tierra viva y solamente con el pantalón que iba vestido. Allí fue sepultado en una fosa debajo del cadáver de un soldado español.

Sin embargo, aun quedaban dudas de la veracidad de la muerte del Apóstol, en consecuencia, el día 22 de ese propio mes, Sandoval fue instruido de proceder a la exhumación de los restos, embalsamar el cadáver y trasladarlo a Santiago de Cuba, a fin de disipar cualquier duda, a la vez que recibir los honores que le correspondían.

A ese efecto fue enviado el Dr. Pablo Aurelio de Valencia, quien debía encargarse, además de dictaminar que era el cuerpo de Martí y realizar los servicios que requería el proceso de conservación.

Dentro de la valiosa información que conserva el Archivo Nacional de la República de Cuba encontramos el dictamen emitido por el Doctor Valencia, efectuado el mismo día 22 y emitido oficialmente cuatro días después. En el mismo se hace una evaluación del cadáver del Maestro describiéndolo físicamente y anotando los impactos de las balas recibidas.

 

Certificado de defunción de José Martí:

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Una vez realizado el examen, partió la columna española con el féretro que transportaba el cuerpo sin vida de Martí, por el camino fue frecuentemente tiroteada por fuerzas cubanas que infructuosamente intentaron el rescate. A su llegada al poblado de San Luis fue custodiado en el patio del Cuartel Militar del lugar, siendo embarcado posteriormente por tren hacia Santiago de Cuba, escoltado por un destacamento de 81 soldados.

Al arribar en la tarde del 26 a aquel sitio, fue fuertemente protegido por soldados peninsulares a fin de evitar cualquier intención de rescate por los insurrectos, prohibiéndose la entrada a la muchedumbre congregada a la puerta de la estación. Los restos permanecieron en el interior del vagón que los transportó hasta bien entrada la noche, momento en que fueron trasladados hasta la capilla del cementerio, en tanto se creaban las condiciones precisas para su enterramiento en la mañana del siguiente día.

Antes de procederse a darle sepultura y ante la ausencia de persona alguna que pronunciara el último adiós a tan insigne figura, el coronel Sandoval pronunció las palabras de despedida, el ataúd fue depositado en el nicho 134 de la galería sur del cementerio de Santa Ifigenia.

En 1907 por razones sanitarias se demolieron los nichos de dicho cementerio, con excepción del espacio donde estaba ubicado el que guardaba los restos de Martí. No obstante, éstos fueron extraídos nuevamente para garantizar su preservación, pues por el Ayuntamiento santiaguero se había librado un crédito a fin de construir un monumento que albergara el nicho.

El hecho aconteció con la presencia de José Martí y Zayas Bazán y numerosas personalidades de la provincia; comprobado que los despojos estaban completos, fueron depositados en una caja de plomo que posteriormente fue sellada e introducida en otra de caoba, para después ser depositada en el nicho.

El 8 de septiembre de 1947 fueron desenterrados nuevamente los restos martianos y depositados de manera transitoria en el Retablo de los Héroes donde permanecieron mientras era concluido el Mausoleo actual que acoge tan preciado tesoro, y que fue inaugurado el 30 de junio de 1951. Así reposarían definitivamente en Santa Ifigenia los restos de José Martí, aquel hombre que con su trayectoria y entrega se había convertido en la entraña misma de la conciencia nacional de los cubanos.

Según el mismo había expresado: “pagaré gustoso con mi vida, y con la constante mortificación de ella, la fe y la virtud de cada infeliz paisano nuestro” [2]

Al caer aquel 19 de Mayo de 1895 anegaba con su sangre la tierra amada, y ofrecía su vida por la independencia de Cuba y de todos los cubanos.

Para mi hija Carolina,

Cuando nacistes, hace hoy 17 anos, no pude entender en ese momento lo que significaba la indescriptible tarea de ser padre. Y lo que te contare ahora para que lo transmitas en su momento a tus futuros hijos y familia pidiera ser que choque con la incomprensión y los perjuicios de algunos..

Te pido aun así, que leas estas letras y la conserves, años, décadas, hasta que todo a tu alrededor vuelva a tener calma y tu sabididuria y madures haya avanzado lo suficiente para acoger lo que te explico a continuación.

Hay una fuerza extremadamente poderosa por la que hasta ahora nadie ha  encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el AMOR.

Cuando los malos se enfrascan en guerras, en odios, en insultos, en hacer dano a otros olvidan la más invisible y poderoso de todas las fuerzas humanas.

El Amor es Luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El Amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere. El Amor es Dios, y Dios es Amor.

Esta fuerza lo explica todo y da sentido en mayúsculas a la vida. Ésta es la realidad que hemos obviado durante demasiado tiempo, tal vez porque el amor nos da miedo, ya que es la única energía del universo que el ser humano no ha aprendido a manejar a su antojo.

Como se puede dar visibilidad al amor? Bien sencillo, dejandonos llevar por el, aceptando que es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites.

Todos los dias tu y yo hablamos acerca de lo que esta pasando en la humanidad. Del hambre, del odio, del egoismo, de las muertes, de la discriminacion. Es como si la huminadad hubiera fracasado y las  fuerzas malas del universo hayan tomado el control.

Es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía. Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser sintiente que en él habita, el amor es la única y la última respuesta.

Quizás aún no estemos preparados para fabricar bombas de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada. Tue eres ejemplo de esto.

Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, mi querida Carolina, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el amor es la verdadera esencia de la vida.

A veces lamento el no haber podido expresar mas claro lo que alberga mi corazón, que a veces ha latido silenciosamente . Pero nunca es demasiado tarde. Y como hoy ya  puedo hablarte como adulta, necesito decirte que te quiero mucho y que gracias a ti he llegado a entender mejor este mundo.

Tu presencia en mi vida hija mia, me ha llenado de una verdadera razon de vivir. Ese generador de amor que llevas dentro me ha hacho un mejor ser humano.

Felicidades en este 17 aniversario. Muchos mas estan por venir. No olvides mis consejos. La  energia del amor es universal. Es la esencia de nuestras vidas.

Tu padre