Una persona viene a este mundo para desempeñar una tarea concreta

Como dijo una vez el poeta persa Rumi:

 La vida es como si un rey te hubiera enviado a un lugar para llevar a cabo una tarea específica. Tú vas y desempeñas centenares de otros trabajos, pero si descuidas la tarea específica que te había sido encomendada, es como si no hubieras hecho nada en absoluto. Una persona viene a este mundo para desempeñar una tarea concreta, ése es su propósito; y si no la cumple no habrá hecho nada.

 A aquélla.

A aquélla que comprendió su tarea y su propósito.

A aquélla que miró el camino frente a ella y comprendió que era un viaje difícil.

 A aquélla

que no disimuló esas dificultades, sino que, por el contrario, las hizo manifiestas y visibles.

 A aquélla

que hace que los solitarios no se sientan solos,

que satisface a los que tienen hambre y sed de justicia,

que hace que el opresor se sienta tan mal como el oprimido.

 

A aquélla que siempre mantiene su puerta abierta, sus oídos alerta, sus manos trabajando, sus pies caminando.

 

A aquélla

que encarna los versos de otro poeta persa, Hafez, cuando dice: “Ni siquiera siete mil años de alegría compensan siete días de tristeza”.

 A aquélla que está aquí esta noche,

que sea una con todos nosotros,

que su ejemplo se multiplique,

que aún tenga días difíciles en el futuro, en los que pueda hacer todo lo necesario para que la nueva generación no tenga que luchar por lo que ya se ha conseguido.

 Y que ella camine lentamente

porque su paso es el paso del cambio,

y el cambio, el verdadero cambio, siempre requiere tiempo.

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