La Mujer que no quería Amar.

Tyra Banks

En algún momento, la mayoría de nosotros nos hemos sentido atrapados por cosas que nos descubrimos pensando o haciendo, atrapados por nuestros propios impulsos o decisiones insensatas; cautivos de cierto miedo o infelicidad; prisioneros de nuestra propia historia. Nos sentimos incapaces de seguir avanzando y, sin embargo, creemos que tiene que haber una manera de hacerlo.

Cómo podemos vernos atrapados por una historia que no puede contarse ?

Conoci a A… hace muchos anos atras y despues de algunos otros, comenzo entre nosotros una relacion intima.

Por muchos anos, después de repetidas ausencias y distanciamientos, A…. y yo acordamos siempre volver a vernos. Al final, su desaparición y posterior retorno terminaban siendo muy útiles, ya que sirvio para aclarar algo que no habia notado con anterioridad: “ su necesidad de conmocionar a los demás”.

Con el paso del tiempo, fui confirmando paulatinamente que A….disfrutaba pensando en la angustia que causaba cuando de repente dejaba algo, o terminaba con una Amistad, o una relacion. O simplemente se marchaba sin nisiquiera decir adios. Durante los primeros anos no me había dado cuenta de la fuerte necesidad que tenía A….de trastornar violentamente a los demás. Pero ¿por qué?

Los padres de A…. nunca fueron una pareja feliz. El se marchaba de la casa en la manana y regresaba en la noche. Cuando A….era apenas una adolescente su padre se se marcho del pais dejando atras a A…. su madre y otro hermano.

Con el tiempo A… descubrió que su madre nunca habia amado a su padre, que lloraba mucho y que sostenia prolongados episodios de depression. También descubrió que sus primeros años de vida fueron muy distintos a como se los habían contado. Su padre y su madre reconocieron que su nacimiento fue algo que les superó por completo y que su madre ya la maltrataba cuando era apenas un bebé. Maltrato que siguio y aumento con los anos, manteniendose aun siendo A… una mujer adulta. Y lo peor: maltratos trasmitidos tambien a los hijos de A……

A…me contó que su madre no hablaba mucho, tan solo reconocia que había sido una época terrible y desdichada dentro de un matrimonio infeliz.

—Mi madre lloraba, no paraba de decir que se arrepentia de todo —me explicó A…..—. Aunque no era tan joven cuando yo nací, mi madrre no tenía a nadie que la ayudara. Me dijo que a veces le daba la sensación de que iba a volverse loca…….

Las confesiones de su madre producian cierto alivio en A….. Desde que tenia uso de razon, A….. se había sentido atemorizada. Me dijo que le ayudaba saber que se sentía asustada por algo. Para una niña pequeña, la violencia es una experiencia abrumadora, incontrolable y terrible, y sus efectos emocionales pueden permanecer durante toda la vida. El trauma se interioriza y se apodera de nosotros al no poder empatizar con el prójimo. Entonces, ¿por qué A…… daba la espalda a los que estaban cerca de élla?

La conducta de A…… dejaba claro que no podía permitirse mostrar ninguna debilidad. La dependencia era peligrosa para élla. Su historia podría resumirse así:
«Soy el agresor que provoca traumas, no el bebé al que se lastima». Pero A…..
también sentía esa tendencia destructiva hacia sí misma.

Creo que todos intentamos dar sentido a nuestra vida contando nuestra historia, pero A….. estaba atrapada por una historia que no podía contar. Al no tener las palabras, se expresaba por otros medios. Con el tiempo he aprendido que el comportamiento de A…. era el lenguaje que utilizaba para hablar conmigo. A…. me contó su historia haciéndome sentir cómo era ser como élla, haciéndome sentir la angustia, la confusión y la conmoción que debió de sentir cuando era pequeña.

La escritora Karen Blixen dijo: «Todas las penas pueden soportarse si se ponen dentro de una historia, o se cuenta una historia acerca de ellas». Pero ¿y que tal si una persona no puede contar una historia acerca de sus penas? ¿Y si es su historia la que cuenta a la persona?

La experiencia me ha enseñado que nuestra infancia nos deja multitud de historias como esta: historias que nunca encuentran su voz, porque nadie nos ayudó a encontrar las palabras. Cuando no encontramos la manera de contar nuestra historia, esa historia nos cuenta a nosotros: soñamos con esas historias, desarrollamos síntomas, o nos descubrimos actuando de maneras que no podemos explicarnos.

Varios años después de que A….comenzara a contarme su historia por pedazos, acordamos poner fin a nuestros encuentros… Yo siempre pense que aún quedaban muchas cosas por contar, pero élla sentía que era el momento de acabar con nuestros encuentros. Y se marcho.

Todo esto sucedió hace muchos años. Desde entonces A…. no ha vuelto a llamar.

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