Robin Williams y la depresión: todos llevamos una máscara

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Inteligente, exitoso, divertido y guapo. Parecía que Robin Williams lo tenía todo. Y sin embargo, hoy está muerto. Aparentemente, por elección propia.

Pero, ¿por qué? ¿Qué salió mal?

La alegría, la espontaneidad y el humor de Robin Williams probablemente ocultaban el tormento diario por el que pasaba en su inestable lucha contra la depresión. Por fuera, nos hacía reír, pero por dentro, sentía dolor. Desafortunadamente, conozco ese dolor.

Con su muerte, hemos perdido a uno de los espíritus más talentosos y creativos del planeta. Aun así, su muerte por suicidio debería ser una llamada de atención para todos nosotros. Es un recordatorio de que muchos de nosotros caminamos con dos situaciones conflictivas: sonreímos por fuera, mientras morimos lentamente por dentro.

Quienes sufren harán casi todo para no sentir más el dolor. Y en esos momentos, sus cerebros se convierten en sus peores enemigos. A menudo se necesita de una fuerza externa que proporcione luz, a fin de que esos pensamientos sombríos no sean, como en el caso de Robin, los últimos pensamientos.

Según los Centros para el Control de Enfermedades, las tasas de suicidio aumentaron del 2000 al 2011 de 10,4 muertes por 100.000 a 12,3 muertes por 100.000.

La tasa de suicidios es mayor y está aumentando entre los hombres. En el 2011, el 78,5% de los suicidios fueron llevados a cabo por hombres, con una tasa de 20,2 muertes por 100.000.

La tasa de suicidios está aumentando en todos los grupos de edad, excepto en el de 85 años y más, y es mayor en los individuos de 45 a 64 años, según la Fundación Estadounidense para la Prevención del Suicidio.

Sabemos y sentimos que el estigma de la salud mental dificulta aún más que quienes necesitan apoyo alcen la voz y lo obtengan. Vivir con depresión es aislante y desmoralizante, y a menudo refuerza el dolor en el que las personas se encuentran.

No podemos dejar que continúen estas tragedias. El efecto dominó es incalculable.

Cuando alguien muere, es trágico. Pero cuando alguien muere por suicidio, hay tantas emociones conflictivas en todos los que están conmovidos, que no hay comprensión del impacto. Todos nos preguntamos ‘¿por qué? ‘

No hay dos vidas idénticas y emitir juicios sobre la elección de otro a menudo es más destructivo que útil. Pero tenemos que recordar que todo el mundo está lidiando con sus propios problemas detrás de su propia máscara. No sabemos qué está pasando en realidad, así que debemos tener cuidado de no juzgar.

Demasiadas personas mueren debido al silencio ensordecedor. Todas las personas que conoces pasan o están pasando por dificultades, Esa es una gran verdad.

Para muchas personas, la depresión ha sido parte de su recorrido durante mucho tiempo. Mucho antes de saber cómo llamarla, ahí estaba, caminando al lado de uno. Allí estaba, te tomaba de la mano, invade pensamientos, hace que duerman y coman más, y que rara vez sonrian cuando estan solos.

Se aprende a sobrellevar las cosas, a sonreír para los amigos, para los padres, para la audiencia, para la cámara. Sonreía, mientras por dentro, un huracán le estaba arrastrando a un océano de oscuridad.

La persona se avergüenza. Todos nos sentimos de alguna manera muy avergonzados de admitirle a otros nuestros sentimientos de destrucción.

No hay una razón que aplique en todos los casos para la presencia de la depresión. Para algunos, son los demonios de la infancia. Para otros, un desequilibrio químico. Puede ser ocasionada por situaciones estresantes, o puede mantenerse siempre en el fondo como una obstinada nube gris.

Así como no hay una sola explicación para este depredador emocional, no puede haber una solución que aplique para todos los casos.

Inicia con compartir y admitir el dolor. No se puede reparar nada hasta que admitimos que está roto, hasta que reconocemos que hay un problema. De ahí en adelante, debemos trabajar por nuestra mejoría, porque estamos luchando por nuestra vida.

¿Cómo podemos impedir que las personas más brillantes que conocemos, nuestros seres amados, se suiciden cuando están solos en esa oscuridad? ¿Cómo podemos marcar la diferencia?

Primero, tenemos que quitarnos la máscara. Tenemos que empezar a compartir nuestro dolor. Si hablamos de ello, todos se darán cuenta que no están solos. Y que no tienen que pasar por este proceso solos.

Luego, debemos involucrarnos y solicitar que nuestros representantes electos apoyen una legislación que apruebe recursos para que todos obtengan el apoyo y la ayuda que necesitan.

Por último, tenemos que extendernos la mano unos a otros. Cuando veas a alguien que está luchando, simplemente no los ignores, no los rechaces o asumas que ya van a “salir de esto”. Llámalos, visítalos, está pendiente de ellos. Tómate una taza de café y solo escucha. Todos tenemos una responsabilidad compartida en la salud y el bienestar de nuestra gente, un amigo a la vez.

La muerte de Robin Williams es un fuerte recordatorio para todos de cuánto trabajo queda por hacer. Él era brillante, y trajo alegría a muchos otros. Y sin embargo, parece que la paz interior se le escapó. Pero él está en paz ahora. Aun así, a quienes dejó atrás (su familia y amigos) les corresponde tratar de encontrarle sentido a la situación.

Podría ser que nunca tenga sentido.

Nunca sabes lo que realmente pasa por la mente de una persona.

Todos llevamos una máscara.

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