Habitar el mundo, es también ocuparse de uno y ver el “yo” desde adentro.

Habitar el mundo, es también ocuparse de uno y ver el “yo” desde adentro. Cuanto más intentamos salir, más nos hundimos. Este desorden existencial, esta Matrix vivencial que nos aleja de nuestra propia realidad, la que queremos construir en libertad y uso de nuestras facultades menos condicionadas posibles, no es fácil de ubicar, porque al ser parte de ella, nos confundimos en la maraña
¿Dónde está la salida del laberinto?
¿Hacia dónde dirigirnos?
Una de las opciones facilistas parece ser la del consumismo y la compra de felicidades pasajeras. El deseo ocupa la mayor parte del menú y sus manifestaciones son cada vez más variadas, por eso las nuevas adicciones suelen ser tan extrañas (vg. internet, amor, celular, belleza, dietas, potomanía –adición a tomar agua para “adelgazar”-). Necesitamos cada día más formas de satisfacciones inmediatas, desechables y cambiantes para mantener el cerebro en un estado de aparente equilibrio. El placer que añoramos es el “cinético” (que llega intempestivo, nos impulza y se aleja hasta que otra carencia lo llame nuevamente) y no el “placer” estático que surge de la ausencia del dolor, de estar simplemente bien, sin el malestar a cuestas (no estoy enfermo, no tengo sueño, no tengo hambre o estoy sano, estoy despierto, estoy alimentado).
Dicho de otra forma: no vivimos la alegría de no estar sufriendo, no atendemos a ese estado, sino al placer que llega del alivio. No somos concientes del bienestar que genera la salud en reposo y preferimos concentrarnos en el impacto del refuerzo positivo. No procesamos la felicidad del reposo o la felicidad en el acto, deseamos más la estimulación, que la ausencia de ella; el ruido, más que el silencio. Los momentos de soledad angustian a muchas personas presas del consumismo, de los complejos, de las envidias, de los egoismos. Y es asi, porque a solas deberán adentrarse en si mismas, afrontar la propia identidad generalmente fragmentada por los intereses y limitaciones creados desde afuera.

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