Acerca del coraje, la derrota y el exito.

El único valor que se debe mantener es el coraje. Cuando no se tiene coraje, se buscan otros valores y casi siempre terminamos en una encrucijada.
Hoy en día muy pocos tienen coraje, nadie se atreve y todo el mundo se ha acomodado. No creo tanto en eso de las crisis financieras y de valores morales y éticos. Creo que la razón por la que la gente es mucho más conservadora y rígida es por el miedo excesivo a atreverse, independientemente de que sean cristianas, judías o musulmanas. Hay una ley judía que dice: «No le hagas a tu vecino lo que no quieres que tu vecino te haga a ti». Ese es el gran valor moral y ético que hay que respetar, es la regla de oro.
Es necesaria la curiosidad, la inocencia de la que habla William Blake de ver las cosas como nuevas. Es decir, lo antiguo y lo moderno no sólo pueden convivir, sino que son inseparables. Tenemos que permitirnos esa inocencia, ese deslumbramiento o, utilizando una expresión de Manuel Bandeira, ese alumbramiento.
La derrota debe servir como una motivacion. No me he escapado de esos momentos de derrtota donde me he dicho que había soñado lo imposible. Sin embargo, despues de andar mi camino, y atreverme a levantarme del suelo, he aprendido dos cosas: «Primero, el camino no acaba aquí, empieza aquí; segundo, voy a darlo todo y a dedicarme a lo que me da alegria. Si va a salir bien o mal, no lo sé, pero no puedo ser un hombre derrotado como era al principio de este camino.» Y, gracias a Dios (Dios es el Dios de los valientes), conseguí llegar a donde he llegado. No debemos preocuparnos por ser felices, pues la felicidad es casi siempre efimera. Pero si tenemos la responsabilidad de ser alegres.
El desafío básico que tengo es, como vivir mi vida de acuerdo con los valores que juzgo pertinentes, como la simplicidad y el desapego, pero al mismo tiempo tener la alegría de hacer aquello que me apetece hacer. En el fondo, las cosas que me dan más placer son baratas o completamente gratuitas, como andar, leer, escribir. Mi desafío es despertarme siempre con una nueva pregunta en la cabeza, alegre, contento de estar vivo, y no pensar que no tengo nada que hacer o que ya no tengo desafíos, o que tengo demasiados. Los desafíos surgen cada día y cada día los resuelvo.
El éxito es eso: irse a la cama cada noche con el alma en paz. Es poder encontrarte con la Dama de la Guadaña y decir: «Combatí el buen combate y mantuve la fe, hice las cosas que quería hacer, las hice con toda la intensidad necesaria. Me equivoqué mucho, pero la Dama de la Guadaña llamó a mi puerta y mi alma estaba en paz».

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