De “La Ninfa Inconstante”, novela postuma de Cabrera Infante

A una chiquita llamada Estela, amor perdido en su novela póstuma, La ninfa inconstante; a La Habana —“qué duda cabe, era el centro de su universo”—; a Miriam Gómez y a sus hijas, a todas ellas dedica su epitafio, en un último párrafo que no fue el último, pues él siempre empezaba sus libros por el final :

“……..Alguien ha dicho que se puede mirar atrás con el placer que presta la distancia, y son palabras de un novelista menor. Un gran poeta, al contrario, ha dicho que no hay mayor dolor que recordar el tiempo feliz en la desgracia. Y el tiempo desgraciado visto desde la felicidad, ¿qué dolor da? Hay que ver las preguntas que uno se puede hacer caminando solo por La Habana de noche, digamos de La Rampa hasta 23 y 12. Caminar cansa, recordar da hambre. Así me llegué hasta Fraga y Vázquez, frente al 23 y 12, que es más bien una cafetería, y pedí un bisté de palomilla con arroz y potaje de frijoles negros y una ración de plátanos maduros fritos. Ah, y una cerveza Hatuey bien fría. Ave María, Pelencho, qué bien me siento. Es decir, me voy a sentir. Porque todo pasa en el recuerdo o más bien ha pasado en el tiempo. Brick Bradford tenía su trompo temporal, yo tengo mi memoria……..”

( Escrito en Londres, con un mapa de La Habana sobre la mesa

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s