Acerca de Desafios, Heroes y Mascaras.

mascaras
Nuestros héroes eran Superman, Batman, el Llanero Solitario, el Zorro y otros
heroicísimos justicieros enmascarados.
Aquella cultura de los superhéroes alimentaba en nuestra fantasía un mundo ficticio que
era expresión de nuestro tiempo, pero también, lógicamente, condicionaba nuestra
manera de pensar. Por eso, hablar de los superhéroes que teníamos sirve para saber
quiénes éramos y para averiguar qué hemos ganado y perdido para llegar a ser quienes
somos.
Más allá de las características que los diferenciaban —unos venían de otro planeta, otros
tenían superpoderes, etcétera— salvo alguna excepción, todos los superhéroes
compartían una cualidad especial: usaban máscara. La máscara que servía para ocultar
su doble personalidad
De todos ellos, a mí el que más me impactó siempre fue Batman. Posiblemente porque
él no tenía superpoderes; Batman era un tipo normal. Su verdadera identidad era Bruno
Díaz, ese ricachón, cobarde y refinado; especie de tarado, patético, muy relacionado con
la alta sociedad de Ciudad Gótica.
En la mayoría de los superhéroes, la característica principal de su personalidad
conocida y abierta era cierto grado de estupidez. A veces también la comicidad, el
miedo o la inseguridad (pensemos en Diego de la Vega —el timorato que escondía la
personalidad secreta del Zorro). Es decir, siempre se trata de rasgos opuestos al
heroísmo, la valentía, el honor.
Pero ¿cuál es la verdadera personalidad?, ¿la tarada o la heroica?
La heroica, por supuesto.
Ahora, yo me pregunto: si los superhéroes actuaban su personalidad falsa, cotidiana e
intranscendente, ¿por qué era la verdadera personalidad la que aparecía enmascarada?
¿Qué habrá pasado con nosotros que hemos crecido pensando que la personalidad que
debe mantenerse en secreto, oculta y escondida es la del héroe?
Cuál es mensaje? ¿Cuál el resultado?
¡¿Hay que esconder al héroe?!
Éste ha sido un gran error.

Nos hemos engañado y hemos engañado a los que nos siguen, haciéndoles creer que la
personalidad secreta es el superhéroe, cuando en realidad no es así.
Nosotros hemos fabricado esta cultura, escondiendo en nosotros los mejores “nosotros”.
Hemos vivido y vivimos dejando a la vista de todos a los “otros”:a los pusilánimes, a los temerosos, a los asustadizos, a los raros, a los que no pueden participar, a los que no pueden hacer, a los que no pueden cambiar, a los que coinciden con el sistema, a los que se someten a las reglas, a los que aceptan las cosas sin querer cambiarlas…

¿Por que esconder al superhéroe? ¿Por qué esconder al que de verdad puede hacer las cosas?
Respuesta: Porque aquéllos, los de la lista, ¡son los aceptados!

Bruno Díaz, Diego de la Vega y Clark Kent… ¡no tienen problemas al salir afuera!
Nadie se mete con ellos; de hecho su juego consiste en pasar inadvertidos.
Y la mejor manera de pasar inadvertido, hemos aprendido de nuestros ídolos, es… ¡pasar por tontos.

Así armamos muchos nuestra identidad: actuando como tarados y escondiendo a los
superhéroes que somos. Escondemos nuestra verdadera potencialidad. Escondemos todo aquello de lo cual somos capaces. Y vivimos mostrando nuestra personalidad devaluada… aquella socialmente aceptada… aquella que nos enseñaron a desarrollar… aquella que aprendimos para no tener problemas…
¿Sólo por la influencia de las historietas? No. También nos acordamos de una parte del mensaje que nos daban nuestros padres:
“No te metas en líos…”. O peor todavía: “Sí sigues así, no te va a querer nadie”… O “ tu no sirbes para nada”….
¿Qué es seguir así’? Seguir así, obviamente, es ser uno.
¿Y entonces? ¿Cómo voy a hacer para ser otro? La respuesta es previsible; dejando salir al héroe. Yo no digo que haya que ser un superhéroe en el sentido de ser espectacular y
maravilloso, escalar edificios saltar azoteas o volar por el aire.
No. No hace falta. Hablo de la única heroicidad que defiendo: el valor de ser quien uno es.

La heroicidad de no fabricarse una personalidad secreta de pusilánime si uno no lo es.
No vivir como un tonto, si uno no lo es. Si uno no es demasiado rápido, está muy bien. Entonces hay que llevar la lentitud con orgullo. Hay que decir: “yo soy un poco lento, ¿y qué?”. Eso está increíble. No hay nada de malo en ser un poco tonto. Pero si uno no lo es… ¡no está bien hacerse el tonto!
Si yo soy un poco tonto… si no soy demasiado inteligente… si puedo descubrir en mí las otras virtudes que no son la inteligencia… ¡bueno! ¿Por qué gastar energía en ocultarlo? Por qué no animarme a decir quién soy con mis virtudes. Aunque éstas no sean las socialmente major recibidas y más celebradas, aunque no sean las más “aplaudidas”.
Y mucho menos hace falta que la virtud sea una manera de ser más. No destacarse también puede ser una virtud.

La mayor virtud de un héroe es la que le permite enfrentar las cosas sin tener que hacer
el esfuerzo de parecerse a lo que los demás dicen que se debe ser. El héroe de cada uno de nosotros contiene a la persona que cada uno es y que est orgullosa, de ser así. Que conoce lo que puede. Y que también conoce —sobre todo conoce, digo yo— lo que no puede.
Ser un superhéroe es no avergonzarnos nunca de no saber, de no poder o de no querer.
El desafío no es ser otro. El desafío es ser uno mismo.

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Author: Carlitos Way BLOG

El tiempo... Traicionero amigo... Quizás nos permite ver todo más claro, tal vez nos permita calmarnos un poco y seguramente también hará que perdamos la oportunidad y lo perdamos todo...

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