Sobre la Verdad y las Palabras

¿Es el silencio la puntuación de la voz
o es la voz la puntuación del silencio?

Hacia 1873, Nietzsche escribió un ensayo deslumbrante. Escribió, cuando solo tenía treinta años, un texto que anticiparía la explosión de la filosofía del lenguaje en el siglo XX. Ese texto fue Sobre verdad y mentira en sentido extramoral.
El ensayo se inicia con una fábula: la vida del hombre fue una breve existencia en la inmensa eternidad del cosmos. El hombre, a pesar de su minúscula condición, se siente orgulloso por el conocimiento, por la “fuerza del conocimiento”, anota Nietzsche. Y entre los hombres, el más soberbio, es el filósofo.
Como todos los animales, el hombre cuenta con una herramienta para la supervivencia. Esa herramienta es su intelecto. El hombre está ciegamente convencido que el intelecto es la mejor y la única manera de relacionarse con la realidad. Nietzsche se burla de esa pretensión y dice que cada especie del universo tiene la necesidad, desde su sistema de apropiación de la realidad, de sentirse el centro del mundo.
Según Nietzsche, el hombre usa el intelecto la mayoría de las veces para la simulación. El hombre posee un misterioso impulso hacia la verdad que lo lleva a inventar una designación “válida y obligatoria de las cosas”. Pero olvida que él mismo ha creado las palabras y las convenciones sobre los significados de las palabras.
Para Nietzsche, el lenguaje es un sistema arbitrario de designación de las cosas. Toda palabra implica un doble salto metafórico. Toda palabra implica dos traslados, dos metáforas. En primer lugar, se trata del traslado de una excitación nerviosa a una imagen. En segundo lugar, se transforma esa imagen en sonido.
La palabra, que en su origen es una metáfora, se convierte en concepto. Y el hombre usa los conceptos para indagar la realidad y construye con ellos lo que él mismo llama “verdad”. Para Nietzsche, el hombre es un ser creador, un inventor. El hombre crea el significado de los conceptos y después olvida que ha llevado a cabo ese “comportamiento estético”, como dice Nietzsche.
La verdad no es la correspondencia entre las palabras y las cosas. La verdad es un ejército móvil de metáforas, según la brillante metáfora de Nietzsche. La verdad es la acumulación de las relaciones creadas por el hombre.

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