QUE HAGO EN MI CUMPLEANOS?


Muchos me preguntan que hago un dia como hoy? Hace unos cuantos anos casi siempre hago lo mismo. Me levanto en la manana, me miro al espejo y me digo: otros mas cabron… y con esto del FaceBook se me hace dificil negarlo. Desde las 12.01 am muchos ya me lo restregaban en la cara. Pero esta bien. A estas alturas, los anos no cuentan. Los amigos si.
Que hago un dia como hoy? Pues a diferencia de otros, trato de estar conmigo mismo. Mirarme y entender que gracias a Dios puedo apreciar que el camino, hasta donde he llegado, ha estado lleno de obstaculos pero tambien de felicidad y regalos. Aun en los momentos en que no los he sabido comprender.
Admito que pienzo muy poco en mi un dia como hoy. Alguien me sugiere una gran fiesta. Otros, un restaurant famoso. La verdad, les cuento que mi mente siempre divaga entre dos personas. Una de ellas no esta mas: Mi Madre. Me pregunto y me imagino todo lo que ella debiera haber estado sintiendo en este momento, en este dia, a esta hora. Y lamento que se me haya adelantado y que no pueda tenerla hoy a mi lado.
La otra persona es mi hija. Su presencia en mi vida es quizas el mayor de los impulsos y motivaciones que hoy tengo. Se ha hido moviendo de nina a mujer a una velocidad indescriptible. Y para mi asombro y felicidad, cada dia es mas mi amiga. Hoy, fue ella quien me hizo un plato especial: enchiladas de quezo.
Eso si, Siempre, todos los anos, un dia como hoy , sin exepcion, me siento con ella y le recuerdo lo siguiente:
Que nunca debe aceptar la palabra “obedecer” porque es un verbo indigno que denigra hasta a quien lo usa. Nadie es tan sabio que merezca ser obedecido. Aprende, más bien, a dudar, a cuestionar, a rebelarte contra todo lo que te parezca injusto, sucio, cruel o falso.
La anímo a ponerse siempre del lado del que va perdiendo, del que se está llevando la peor parte, a proteger al pequeño y al frágil: al anciano, al pobre, al enfermo, a la flor, al niño, al perro. Y a serles fiel.
La enséño, por supuesto, a pelear por lo que cree. A guerrear como una loca por la verdad a como dé lugar, al precio que sea, hasta las últimas consecuencias. A creer en la gente que la busca y a dudar de la gente que la encuentra.
A que no se debe prohíbir sino convencer. A no dar órdenes, a tener un gran abanico de alternativas. En lugar de decir lo que hay hacer, le cuénto mi experiencia: lo bien o mal que me fue en la misma situación. Que sea valiente y que decida solita.
Le enseno que no se debe imponer opiniones, ni afectos, ni gustos, ni religiónes. La ayudo a que se ahórre la mayor cantidad posible de miedos y de culpas y asi la libero de una inmensa carga de dolor completamente innecesario.
Le enseno a no emplear nunca la palabra “cállate”. Jamás grites, ni golpees, ni castigues. A tener claro , más bien, que el que grita más es siempre el menos fuerte, que el que más maldice es siempre el menos temible, que el que insulta más es siempre el más imbécil.
Le recuerdo que necesito abrazarla y besarla sin falta todos los días. La certeza de que tú la quieres más que a nada en este mundo será una razón para aprender a quererse primero y para (intentar) querer a los demás, después.
Le recuerdo que debe besar y abrazar a su madre. Ningun padre debe permitirse, bajo ninguna circunstancia, la suprema cobardía de ofender a la madre de sus hijos,. Recuerdale que la madre es lo más sagrado. Suficiente confusión hay en la vida de los niños como para empeorarla con nuestras frustraciones, nuestros celos, nuestras deudas impagas y con toda nuestra mierda adulta.
A que no tolere nunca en su casa el dudoso lujo de la violencia, pues lo único que lograrás será hacer miserable su niñez y cuando crezca y se convierta en la atroz catástrofe que tan primorosamente cultivaste, te devanarás los sesos preguntándote qué hiciste mal.
A no tener miedo de mostrarse débil, falible, imperfecto, equivocado, triste, roto, humano. A no avergonzarse de compartir nuestras miserias, traiciones, flaquezas, derrotas. Si le hablamos con el corazón en la mano, desarrollará un espíritu solidario y compasivo y será capaz de hacerlas suyas también, aprenderá a no sentirse con derecho a reclamarte, a juzgarte y condenarte.
A que no hay que avergonzarse de mirar a los ojos si un mal día te abraza el infortunio y te ves obligado a cambiarlo de colegio, a mudarte a una casa más chiquita, a vender el carro, a dejar de ir al cine, a comer menos carne. Si eso ocurriera –toca madera, claro– pero si eso ocurriera, se debe decir sin pena ninguna.
A que en esta carretera en que viajamos nunca va en línea recta y que siempre habrá tramos que te sorprenden con súbitas curvas e intempestivas bajadas. Y si por el contrario, los dioses te bendicen y contigo la vida se ríe a carcajadas, tampoco hay que sacarlo todo el tiempo.
A no le sacarle en cara que élla tiene todo lo que tú nunca tuviste o que está –por eso– obligada a ser mucho mejor que tú. (Fíjate en la ridícula soberbia que encierra tamaño desafío). No lo obligues nunca a terminar la sopa apelando al hambre que tienen los niños del África a menos que tengamos planeado hacer una donacion en efectivo.
Que le doy todo lo que necesita, pero tampoco mucho más.
Le repito que a los niños no se les diferencia por las marcas de sus zapatillas.
Que debe aprender –por encima de todo– esa extraña alegría que solo se encuentra en el dar. Que cuanto menos tenemos más libre somos, y que –al final– tener no tiene absolutamente ninguna importancia.
A que tiene que buscar la belleza. La entréno para que la encuentre a cada paso: en la perfección de la naturaleza o en el caos y aún en los lugares más insospechados. Por ejemplo: en su país de origen , en el color de sus ojos, en la tristeza, en el silencio, en su interior.
Que jamas censurare su curiosidad, ni escatimare elogios a su gracia, talento o brillo, jamás silenciare sus pasiones. Que no lo vigilare,.espíare, invadire. Jugar es una actividad muy seria que requiere de la más absoluta privacidad.
Que no le mentire nunca, ni para salir en defensa de un héroe de la patria, ni para negar a alguien en el teléfono, ni para justificar la imperdonable inexsistencia de Papa Noel. Tampoco para intentar maquillar en algo los tramos menos admirables de mi biografía.
Que todas sus preguntas seran respondidas con verdad, incluso las más pendejas. A que siempre me mostrare ante élla gloriosamente desnudo, sin rubores, sin temores, en todo el esplendor de mi imperfección.
Que no debe olvidar nunca que su mente es el único paracaídas con que cuenta y que solo la salvará si logra que se abra a tiempo.
Que jamas le dire que tiene que leer libros, major me aseguro de que, en casa, siempre me vea leer.
Que jamas le dire que tiene que estudiar, en cambio, la hago testigo de la pasión con que hago mi trabajo en la vida para ganarme los frijoles.
Que no le dire de qué alegrarse, de qué indignarse, a quién admirar y de qué compadecerse. Que tiene que aprenderlo sola –por imitación o por oposición– viéndome batallar, viéndome sudar, viéndome insister, viéndote triunfar y celebrar y también fracasar con toda el alma y volver a empezar todas las veces que sea necesario.
Que debe aprender , por supuesto, a perder, que eso es algo que nos va a tocar hacer una y mil veces, a fallar, a sufrir, a llorar, a caer.
Y a que si en una sola cosa, por lo que Dios más quiera, si solamente me va a hacer caso en una, que me haga caso en esta: que aprenda a caer.

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2 thoughts on “QUE HAGO EN MI CUMPLEANOS?

  1. Me encanta como escribes y como piensas. Estoy totalmente deacuerdo contigo. Me has dejado impresionada ojala mas gente pensara como tu porque llevas razon en todo. Tengo 22aNos y ojala hubiese tenido yo como hija lo que tu le das a la tuya. Buff me emocionado y todo. Eres una gran persona. Lo que has publicado lo voy a poner en mi habitacion para leerlo mas y aprender de ti. Un saludo. Que suerte tu hija 🙂

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