Los Traumas que Arrastamos

No importa nuestra nacionalidad. No importan nuestros credos. No importa nuestra religion o crianza, o los valores inculcados o aprendidos. Todo ser humano tiene un denominador comun en cuanto a ciertas actitudes o eventos.
Uno de ellos, es el trauma de la partida, el del desprendimiento, el de la huida. Que a la vez, va marcado con la inevitable sensacion de desolacion y perdida de sentido. Nadie escapa a ese momento donde hay que partir, remontar el vuelo, decir adios, dejar a los suyos o dejar lo que se ha hecho.
Es la intrinseca sed de busqueda de un camino, de un sentido, de un sueno. Esa decision nace con nostros. Nos esta legada por el universo. No importa la crianza. No importa el pais. No importa la religion. En algun momento de nuestras vidas, hay que partir. Hay que decir adios. Hay que dar la espalda.
Y esa decision, que un dia se tomo con valentia o resignacion, con fuerza o a base de empujones, con alegria o llanto; esa decision nos marca para el resto de nuestros dias. Esa decision nos alimentara y nos dara fuerza por mucho tiempo. Pero un dia, un dia, esa decision tambien nos pedira cuentas. Y nos hara enfrentarnos a nosotros mismos. Y esa es la mas dura y mas dificil de todas las conversaciones que enfrentamos en nuestras vidas.
Todos, algunos mas y otros menos, hemos enfentado el doloroso proceso de las perdidas. Todos hemos sufrido reveses, caidas, golpes. Muchas veces culpamos a otros, a eventos, a situaciones. Pero la realidad es bien diferente. Siempre hubo algo que dejamos de hacer, o que hicimos mal, o que no sabiamos y no lo hicimos. Quiere esto decir que, con independencia de la importancia de otros en nuestras vidas, al final siempre es uno mismo el ultimo responsable de nuestros actos.
Y ese final, ese momento, esa llegada a esa meta que tanto anoramos; no va a ser entonces tan importante ni tan decisiva.
Lo sera, eso si, el camino que recorrimos. Las huellas que dejamos. Los momentos que se vivieron.
O por el contrario, la perdida total del tiempo invertido, el olvido, el tiempo desaprovechado. El darnos cuenta que la meta nunca fue el fin y que ya se nos ha hecho tarde.

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